PASIONES NECESITADAS Y NECESIDADES PASIONALES
Hacía tiempo que Kat era el oscuro objeto de deseo de cierto musculoso y tatuado ex-boxeador. Su ausencia había hecho que el luchador pasará desapercibido, pero al despertar, Kat comenzó a sentir la necesidad de gozar entre las piernas de dicho semental. Las conversaciones fueron subiendo de tono y la fiebre de tener sexo se convirtió en insoportable. Hasta que una noche la impulsiva Kat citó al boxeador en un hotel. Nada más entrar en la habitación nos comimos la boca como si no hubiera mañana. Sus brazos me rodearon y me voltearon para jugar con mi cuello y meter su mano debajo de la faldita, obteniendo como prenda un tanga que pronto cayó al suelo. Me encantó el momento en el que su boca abandonó el cuello para perderse debajo de mi falda, recuerdo la excitación y el morbo y aún me pregunto por qué nunca volvimos a vernos.
Seguimos el combate en la cama y demostró todas las ganas que tenía de Kat. En ciertas posturas y con ciertas actitudes me pareció estar protagonizando una película porno y reconozco que eso me puso aún más cachonda… Tres polvos después llegamos al KO y dormimos unas horas.
Mucho tiempo después aún seguimos siendo amigos y él sigue deseando repetir pelea, aunque nuestras vidas sean incompatibles. De este luchador Kat aprendió a desear y a sentirse deseada, más allá de lo que había vivido hasta entonces. Aprendió el poder del deseo y a la vez la debilidad del mismo. Una lección que, a día de hoy, aún sigue olvidando de cuando en cuando.
En ese resurgir de Kat, con los primeros rayos del verano llegó un extraño personaje que también tendría su enseñanza: el trovador.
