Un pequeño apunte antes de que te sumerjas en este mi mundo: Te recomiendo que leas desde la primera entrada (es decir, la más antigua), pues esta es una historia personal contada cronológicamente, no son reflexiones independientes, es la evolución de Kat y su experiencia vital. Espero que te guste...


Bienvenido espíritu curioso...



domingo, 28 de noviembre de 2010

DE CORAZONES VASCOS Y BRICOLAJES VARIOS...


LA HISTORIA DE LAS CAUSALIDADES MÁS DIVERTIDAS

Entraban ya las primeras bocanadas de frío y así estaba yo, como el tiempo, sin saber qué hacer ni con quién, y con ese espíritu cansado llamó a la puerta un personaje que merece mi más sincero agradecimiento por entrar en mi vida, pues me enseñó, divirtió y se convirtió en gran amigo espero que por mucho tiempo.

El vasco despertó mi interés desde el primer momento porque, además de ser colegas de profesión, sabía mantener una conversación ágil e inteligente (cosa tristemente nada habitual). A los dos nos gustaba vacilar y a mí me encantan los juegos, así que, como tenía que ser, surgió la cita más original que he podido disfrutar. Con la excusa de ir a comprar una taladradora (el porqué es lo de menos y no viene al caso) decidimos que el mejor sitio para vernos era un Leroy Merlín, hasta ahí todo más o menos normal, ahora viene lo enrevesado, sabíamos el día y la hora, pero no el centro al que iría cada uno, acotando entre 3 del sur de Madrid, debíamos coincidir en el mismo, sino no habría cita… Fue divertido entrar a la hora acordada en uno de los Leroy y caminar hasta la sección de jardinería con el morbo de pensar si estaría allí el vasco o no. Jodido si no estaba, cómo hubiera resultado el plantón por manos del cruel destino, afortunadamente nunca lo sabré. Con la misma sensación de divertida locura, el vasco estaba plantado entre las macetas con cara de incrédulo y algo aliviado cuando me vio caminando hacia él. Evidentemente el resto de la tarde noche fue igual de divertida y acabamos en su casa, en su cama y, acostumbrada como estaba a un sexo más físico y frío, agradecí esa ternura y mimo de niño desvalido que podía pasar la noche besando y abrazando sin cansarse.


Esa semana nos lo pasamos de lujo: risas, cenas, cama, abrazos y demás. Ni siquiera me acordaba del maltrecho caballero que hacía tiempo ya no visitaba mis tierras… hasta que apareció el fantasma más común entre los tíos: el miedo al compromiso. Una tarde en mi casa puso pies en polvorosa por evitar hacer un plan entre amigos y eso me encabronó, fue infantil e innecesario y, bajo los efectos de una botella de lambrusco, acabé incitando al caballero hasta que lo metí en mi cama, aún caliente del polvo horas antes con el vasco. Tuve sexo con él solo para descargar toda mi frustración y, para que negarlo, me sentí asquerosamente bien.

Evidentemente, en conversaciones posteriores con el escapista, se confirmaron mis sospechas. Por obra y desgracia de una relación anterior, no quería nada más allá que algo esporádico, incluyendo la cama a poder ser pero, en su caso, era un imposible porque es una persona ávida dar y recibir cariño y así lo demuestra, sea cual sea su relación contigo y eso es muy peligroso, el sexo como tal no debe tener tanta muestra de afecto si no quieres dañar a la otra persona, esa creo que es la lección más contundente que aprendimos los dos y que quedó almacenada en el boceto de Kat que ya se empezaba a dibujar.
Como evolución lógica, después de este capítulo de mi vida, y teniendo al caballero de nuevo entre mis piernas, no podía más que buscar sexo, solo sexo, sin daños colaterales, y así en navidades llegó el niño (¡y no precisamente el niño Jesús!).

miércoles, 24 de noviembre de 2010

DE CALORES DE VERANO Y ROSAS MUSTIAS…


MIL Y UNA CITAS… A CADA CUAL PEOR…

Con los calores veraniegos y por mediación de la siguiente red social, badoo, decidí cambiar la estrategia de batalla, si el sexo no era buen aliado, buscaría amor. Estaba segura de que si era capaz de enamorarme el caballero caería por su propio peso. Así que, me puse manos a la obra: tío con el que contactaba, tío con el que tenía una cita, sin mucha criba por medio, pues el amor dicen que puede estar en cualquier sitio ¿no?...

Evidentemente, el resultado fue desastroso: una gran acumulación de citas a cada cual peor. Ni siquiera merecen ser recordadas ni gastar un precioso espacio cibernético. Solo destacaré dos, por ser de las más surrealistas (en ocasiones llegué a sentirme como la propia Bridget Jones). 


La primera fue con un tío que me llevó a tomar una copa y, entre mi constipado que insistía en no dejarme respirar y su risa nerviosa que me desquiciaba por momentos, la hora y media que pasamos juntos me pareció una eternidad. Después de no hacer ningún tipo de insinuación, incluso de tener una conversación aludiendo a la amistad entre hombres y mujeres, él decidió, en el momento de la despedida, que era buena idea pegarme un muerdo, cosa que acabó rematando la estupenda noche claro. De aquello deduje que da igual el lenguaje corporal y las insinuaciones que hagas o no hagas a un tío, él hará lo que le salga de los mismos…

La segunda fue con un friky, ya sabía antes de ir que no era buena idea, pero ni imaginaba la noche que me esperaba. Después de un primer contacto tomando algo fuimos a cenar. La comida estupenda pero, a mitad del primer plato, él decidió compartir conmigo su adoración (yo diría más bien obsesión) por un cantante del que ni siquiera recuerdo el nombre y fue el único tema, en forma de monólogo, hasta que nos levantamos de allí. Acto seguido, bajo los efectos de un repentino sueño, huí despavorida.

Después de aquello, el verano pasó y los vientos del otoño arrastraron las pocas ganas que me quedaban de citas fallidas, hasta que cierto personaje hizo que tuviera la cita más divertida y surrealista de mi vida...

DE PASIONES TURCAS Y GUERRAS SANTAS...

LA PRIMERA HISTORIA DE SEXO SIN ROSAS

Envuelta en la cruzada contra el caballero para conseguir que saliera de mi cabeza y de mis sábanas, entró en juego la segunda red social, facebook, y sus aplicaciones para conocer gente. Irónicamente, el primer soldado que ofreció sus armas en esa guerra santa, fue un moro. Nunca he tenido mucha preferencia por los perfiles raciales a la hora del sexo, pero este era un marroquí con rasgos occidentales y unos ojos verdes de infarto. Así que Kat tomó el control y dejó de gatear para dar el primer paso: por qué no probar el sexo en estado puro, quizá el dicho de que un clavo saca a otro clavo podía tener sentido en la batalla que estaba llevando a cabo.

Quedamos una noche de primavera, después de una coca cola y un intento de conversación (él no hablaba español y mi inglés no era todo lo bueno que debería) acabamos enrollándonos en un parque y teniendo sexo bajo un árbol. Una grata y excitante experiencia, entre la fantasía de la pasión turca y el morbo del escenario público pudiendo ser vistos en cualquier momento; he de confesar que disfruté mucho de aquella noche y me animé a repetir, esta vez lo llevé a mi casa, a mi cama, al santuario donde el cristiano retozaba cada vez que quería y eso fue un gran error. El polvo fue fantástico (confirmó todos los mitos sobre los árabes y el sexo), pero su efecto en mi debastador. Quizá no estaba preparada o simplemente aquella cruzada era una farsa, pues a la mañana siguiente me sentí sucia y traidora, así que Kat volvió a ser recluida y el moro fue desterrado dejando todo el territorio en manos del cristiano nuevamente.


Después de aquello, dejé de luchar durante un tiempo, rindiéndome de nuevo al placer adictivo del caballero, aún sabiendo que tarde o temprano volvería a dejarme vacía, retomé mi droga. Hizo falta un nuevo personaje para alejarme del camino, al menos por un tiempo, pero esa es otra historia, y antes de ella, hay un verano entero de por medio...




DE LAS ANDANZAS DE UN CABALLERO DE ARMADURA OXIDADA...


ESTA HISTORIA ES EL GRAN PRINCIPIO DE UN PEQUEÑO FINAL

Poco más de un año después del trágico final sentimental, esperado y anunciado sí, pero no por ello más fácil de superar, decidí abrir nuevamente el caparazón y pisar tierra firme. Qué poco imaginaba entonces que aquel paso iba a traer a la persona que gestaría el cambio final, el nacimiento de Kat y todo lo que ella significa.

Una vez metida de lleno en el nuevo mundo, soltera y algo perdida, di el paso que toda persona en esa situación da tarde o temprano: abrir perfiles en las redes de internet. Mi primera elección, my space, me tuvo gratamente ocupada por un tiempo, incluso recuperé aquella afición perdida con el paso de los años (y que ahora vuelvo a retomar), la escritura. Así pasaba los días, hasta que alguien misterioso se puso en contacto conmigo con un escueto pero contundente mensaje: quiero conocerte. Y sin saber cómo, cuan película de Tom Hanks y Meg Ryan, me vi envuelta en un carteo cibernético con aquel desconocido, cuyo avatar era un hermoso caballero. La historia no podía empezar mejor él, identificado con un caballero andante hastiado del mundo, y yo, un roble escondido aún en lo más profundo de un frondoso bosque, nos buscabamos mediante un viaje lleno de romanticismo y misterio. 


Recuerdo con cierta dulzura las veinte veces que podía llegar a abrir el correo al día para ver si el caballero había caminado por el bosque. Con cada paso se acercaba más el día que aquel cuento, sin necesidad de hadas madrinas, pasase a convertirse en realidad y eso me provocaba una extraña y contradictoria mezcla de sensaciones, me apasionaba a la vez que me aterraba. El motivo no era otro que mi inexistente amor propio y mi quebrada confianza en mí misma (bueno, más bien en la imagen de mí misma), pues yo si había visto el rostro que se escondía tras el yelmo, pero el caballero solo tenía un retrato imaginario del roble. 

Y llegó la noche del 14 de julio de un año cualquiera, fecha que dato como el nacimiento de Kat (aunque no fuera consciente entonces), y el cuento se hizo realidad, con una pequeña particularidad, romántica sí, pero surrealista a la par que fastidiosa: el caballero decidió que era demasiado bonito para hacerlo realidad, así que quiso quedarse con la idealizada imagen del roble; y cómo se hace eso, fácil, no quitándose el yelmo (traducido, con los ojos vendados). Por primera vez visitó el bosque, a ciegas pasamos la noche, a ciegas hablamos durante horas… y a ciegas hicimos el amor en la parte trasera de su corcel (marca Renault). Y cómo me sentí yo a la mañana siguiente, pues nuevamente con sentimientos enfrentados, flotaba en una nube a la vez que crecían mi miedo y mi desconfianza y llegaban también a esa misma nube.

Días después el yelmo cayó y con ello de lleno a la realidad. Empezamos algo que nunca he podido clasificar, pues durante dos años no estuvimos juntos ni tampoco separados, pero no nos adelantemos aún. Con el caballero se puede decir que empecé a descubrir el sexo en todos sus sentidos, es más, empecé a descubrir que no solo disfrutaba con el sexo, sino que además no se me daba mal. Por primera vez exploré todo aquello a lo que siempre me había negado por falta de deseo y he de reconocer que él ha sido hasta ahora el mejor amante que he tenido, incluso en épocas en las que creí odiarle disfrutaba como nunca lo he hecho. Era como si su pene fuera la pieza perfecta, que encajaba milimétricamente para llegar al orgasmo seguro. Aún así su frialdad me hizo pasar por cientos de estados, desde el enamoramiento del romántico comienzo, hasta las lágrimas de desesperación por aquel ser impasible que no podía echar de mi cama. Llegué a tener dependencia de él, pero no afectiva, pues quitando los primeros días, nunca llegó a demostrarme amor, sino sexual. Era adicta a lo que sentía acostándome con él. Hoy en día lo tengo claro, pues ya pasé el mono y creo estar plenamente rehabilitada, pero en aquellos tiempos llegué a sentir la más absoluta desesperación al comprobar como me manejaba cuan titiritero y yo no podía cortar esas cuerdas que me unían a él. 

Como siempre, todo llega a su final, pero esta tortuosa experiencia llena de deseo y frustración fue un excelente caldo de cultivo para Kat, sí algo aprendí del caballero fue a ser fría cuando la ocasión lo requería y a que el sexo es sexo y el amor, otra cosa. Eso sí, como en las buenas historias, hay otros relatos que se entrecruzan con este, pues fueron dos largos años, así que el final del caballero tendrá que ser contado en otra ocasión, pues antes hay que conocer alguna experiencia más…

martes, 23 de noviembre de 2010

PRÓLOGO

Esta historia, como la gran mayoría de las historias, comienza con una ruptura. Una ruptura sentimental que, siguiendo un perfecto patrón de doloroso y necesario efecto dominó, acaba quebrando hasta los valores más primarios y removiendo cosas que tomaste como leyes universales. ¿Cómo salir de 9 años de convivencia y costumbres adquiridas sin siquiera haberlas aceptado? Solo hay una forma: reconstruyendo tu mundo, como si una gran guerra hubiera reducido todo a cenizas, desde los propios cimientos. Así nace el primer boceto de Kat y comienzan los días de sexo y rosas...