Un pequeño apunte antes de que te sumerjas en este mi mundo: Te recomiendo que leas desde la primera entrada (es decir, la más antigua), pues esta es una historia personal contada cronológicamente, no son reflexiones independientes, es la evolución de Kat y su experiencia vital. Espero que te guste...


Bienvenido espíritu curioso...



miércoles, 24 de noviembre de 2010

DE CALORES DE VERANO Y ROSAS MUSTIAS…


MIL Y UNA CITAS… A CADA CUAL PEOR…

Con los calores veraniegos y por mediación de la siguiente red social, badoo, decidí cambiar la estrategia de batalla, si el sexo no era buen aliado, buscaría amor. Estaba segura de que si era capaz de enamorarme el caballero caería por su propio peso. Así que, me puse manos a la obra: tío con el que contactaba, tío con el que tenía una cita, sin mucha criba por medio, pues el amor dicen que puede estar en cualquier sitio ¿no?...

Evidentemente, el resultado fue desastroso: una gran acumulación de citas a cada cual peor. Ni siquiera merecen ser recordadas ni gastar un precioso espacio cibernético. Solo destacaré dos, por ser de las más surrealistas (en ocasiones llegué a sentirme como la propia Bridget Jones). 


La primera fue con un tío que me llevó a tomar una copa y, entre mi constipado que insistía en no dejarme respirar y su risa nerviosa que me desquiciaba por momentos, la hora y media que pasamos juntos me pareció una eternidad. Después de no hacer ningún tipo de insinuación, incluso de tener una conversación aludiendo a la amistad entre hombres y mujeres, él decidió, en el momento de la despedida, que era buena idea pegarme un muerdo, cosa que acabó rematando la estupenda noche claro. De aquello deduje que da igual el lenguaje corporal y las insinuaciones que hagas o no hagas a un tío, él hará lo que le salga de los mismos…

La segunda fue con un friky, ya sabía antes de ir que no era buena idea, pero ni imaginaba la noche que me esperaba. Después de un primer contacto tomando algo fuimos a cenar. La comida estupenda pero, a mitad del primer plato, él decidió compartir conmigo su adoración (yo diría más bien obsesión) por un cantante del que ni siquiera recuerdo el nombre y fue el único tema, en forma de monólogo, hasta que nos levantamos de allí. Acto seguido, bajo los efectos de un repentino sueño, huí despavorida.

Después de aquello, el verano pasó y los vientos del otoño arrastraron las pocas ganas que me quedaban de citas fallidas, hasta que cierto personaje hizo que tuviera la cita más divertida y surrealista de mi vida...

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