Un pequeño apunte antes de que te sumerjas en este mi mundo: Te recomiendo que leas desde la primera entrada (es decir, la más antigua), pues esta es una historia personal contada cronológicamente, no son reflexiones independientes, es la evolución de Kat y su experiencia vital. Espero que te guste...


Bienvenido espíritu curioso...



miércoles, 24 de noviembre de 2010

DE PASIONES TURCAS Y GUERRAS SANTAS...

LA PRIMERA HISTORIA DE SEXO SIN ROSAS

Envuelta en la cruzada contra el caballero para conseguir que saliera de mi cabeza y de mis sábanas, entró en juego la segunda red social, facebook, y sus aplicaciones para conocer gente. Irónicamente, el primer soldado que ofreció sus armas en esa guerra santa, fue un moro. Nunca he tenido mucha preferencia por los perfiles raciales a la hora del sexo, pero este era un marroquí con rasgos occidentales y unos ojos verdes de infarto. Así que Kat tomó el control y dejó de gatear para dar el primer paso: por qué no probar el sexo en estado puro, quizá el dicho de que un clavo saca a otro clavo podía tener sentido en la batalla que estaba llevando a cabo.

Quedamos una noche de primavera, después de una coca cola y un intento de conversación (él no hablaba español y mi inglés no era todo lo bueno que debería) acabamos enrollándonos en un parque y teniendo sexo bajo un árbol. Una grata y excitante experiencia, entre la fantasía de la pasión turca y el morbo del escenario público pudiendo ser vistos en cualquier momento; he de confesar que disfruté mucho de aquella noche y me animé a repetir, esta vez lo llevé a mi casa, a mi cama, al santuario donde el cristiano retozaba cada vez que quería y eso fue un gran error. El polvo fue fantástico (confirmó todos los mitos sobre los árabes y el sexo), pero su efecto en mi debastador. Quizá no estaba preparada o simplemente aquella cruzada era una farsa, pues a la mañana siguiente me sentí sucia y traidora, así que Kat volvió a ser recluida y el moro fue desterrado dejando todo el territorio en manos del cristiano nuevamente.


Después de aquello, dejé de luchar durante un tiempo, rindiéndome de nuevo al placer adictivo del caballero, aún sabiendo que tarde o temprano volvería a dejarme vacía, retomé mi droga. Hizo falta un nuevo personaje para alejarme del camino, al menos por un tiempo, pero esa es otra historia, y antes de ella, hay un verano entero de por medio...




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