Un pequeño apunte antes de que te sumerjas en este mi mundo: Te recomiendo que leas desde la primera entrada (es decir, la más antigua), pues esta es una historia personal contada cronológicamente, no son reflexiones independientes, es la evolución de Kat y su experiencia vital. Espero que te guste...


Bienvenido espíritu curioso...



miércoles, 24 de noviembre de 2010

DE LAS ANDANZAS DE UN CABALLERO DE ARMADURA OXIDADA...


ESTA HISTORIA ES EL GRAN PRINCIPIO DE UN PEQUEÑO FINAL

Poco más de un año después del trágico final sentimental, esperado y anunciado sí, pero no por ello más fácil de superar, decidí abrir nuevamente el caparazón y pisar tierra firme. Qué poco imaginaba entonces que aquel paso iba a traer a la persona que gestaría el cambio final, el nacimiento de Kat y todo lo que ella significa.

Una vez metida de lleno en el nuevo mundo, soltera y algo perdida, di el paso que toda persona en esa situación da tarde o temprano: abrir perfiles en las redes de internet. Mi primera elección, my space, me tuvo gratamente ocupada por un tiempo, incluso recuperé aquella afición perdida con el paso de los años (y que ahora vuelvo a retomar), la escritura. Así pasaba los días, hasta que alguien misterioso se puso en contacto conmigo con un escueto pero contundente mensaje: quiero conocerte. Y sin saber cómo, cuan película de Tom Hanks y Meg Ryan, me vi envuelta en un carteo cibernético con aquel desconocido, cuyo avatar era un hermoso caballero. La historia no podía empezar mejor él, identificado con un caballero andante hastiado del mundo, y yo, un roble escondido aún en lo más profundo de un frondoso bosque, nos buscabamos mediante un viaje lleno de romanticismo y misterio. 


Recuerdo con cierta dulzura las veinte veces que podía llegar a abrir el correo al día para ver si el caballero había caminado por el bosque. Con cada paso se acercaba más el día que aquel cuento, sin necesidad de hadas madrinas, pasase a convertirse en realidad y eso me provocaba una extraña y contradictoria mezcla de sensaciones, me apasionaba a la vez que me aterraba. El motivo no era otro que mi inexistente amor propio y mi quebrada confianza en mí misma (bueno, más bien en la imagen de mí misma), pues yo si había visto el rostro que se escondía tras el yelmo, pero el caballero solo tenía un retrato imaginario del roble. 

Y llegó la noche del 14 de julio de un año cualquiera, fecha que dato como el nacimiento de Kat (aunque no fuera consciente entonces), y el cuento se hizo realidad, con una pequeña particularidad, romántica sí, pero surrealista a la par que fastidiosa: el caballero decidió que era demasiado bonito para hacerlo realidad, así que quiso quedarse con la idealizada imagen del roble; y cómo se hace eso, fácil, no quitándose el yelmo (traducido, con los ojos vendados). Por primera vez visitó el bosque, a ciegas pasamos la noche, a ciegas hablamos durante horas… y a ciegas hicimos el amor en la parte trasera de su corcel (marca Renault). Y cómo me sentí yo a la mañana siguiente, pues nuevamente con sentimientos enfrentados, flotaba en una nube a la vez que crecían mi miedo y mi desconfianza y llegaban también a esa misma nube.

Días después el yelmo cayó y con ello de lleno a la realidad. Empezamos algo que nunca he podido clasificar, pues durante dos años no estuvimos juntos ni tampoco separados, pero no nos adelantemos aún. Con el caballero se puede decir que empecé a descubrir el sexo en todos sus sentidos, es más, empecé a descubrir que no solo disfrutaba con el sexo, sino que además no se me daba mal. Por primera vez exploré todo aquello a lo que siempre me había negado por falta de deseo y he de reconocer que él ha sido hasta ahora el mejor amante que he tenido, incluso en épocas en las que creí odiarle disfrutaba como nunca lo he hecho. Era como si su pene fuera la pieza perfecta, que encajaba milimétricamente para llegar al orgasmo seguro. Aún así su frialdad me hizo pasar por cientos de estados, desde el enamoramiento del romántico comienzo, hasta las lágrimas de desesperación por aquel ser impasible que no podía echar de mi cama. Llegué a tener dependencia de él, pero no afectiva, pues quitando los primeros días, nunca llegó a demostrarme amor, sino sexual. Era adicta a lo que sentía acostándome con él. Hoy en día lo tengo claro, pues ya pasé el mono y creo estar plenamente rehabilitada, pero en aquellos tiempos llegué a sentir la más absoluta desesperación al comprobar como me manejaba cuan titiritero y yo no podía cortar esas cuerdas que me unían a él. 

Como siempre, todo llega a su final, pero esta tortuosa experiencia llena de deseo y frustración fue un excelente caldo de cultivo para Kat, sí algo aprendí del caballero fue a ser fría cuando la ocasión lo requería y a que el sexo es sexo y el amor, otra cosa. Eso sí, como en las buenas historias, hay otros relatos que se entrecruzan con este, pues fueron dos largos años, así que el final del caballero tendrá que ser contado en otra ocasión, pues antes hay que conocer alguna experiencia más…

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